Y se quedó tan ancha…

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Hay algún que otro difamador convencido de que es fundamental para que un escritor prospere en su oficio repudiar las obras que escribió en el pasado… ¡vamos!, desdeñar su pasado en pos de un futuro mejor. Hablo de esos cantamañanas que, con la única intención de demostrar a todo el mundo lo cultos que son, se las apañan en el turno de preguntas de un acto para iniciar una diatriba, sin venir a cuento, contra el escritor de marras. Hace muy poco estuve en la presentación de un poemario de una escritora murciana. Allí, entre los asistentes, se encontraba uno de estos individuos (individua) a los que hago referencia. Cuando llegó para el público el momento de las preguntas, este personaje, ya entrado en los cincuenta calculo, se levantó, pidió el micrófono, sacó de una carpeta un montón de folios mecanografiados, y empezó a recordarle a la homenajeada algunas reglas de ortografía y gramática de la Real Academia Española, le comparó con tono despectivo sus versos con los de Calderón de la Barca, y para terminar le aseguró, con la osadía que le daba la ignorancia, que para hacer buenos versos un poeta debe repudiar los que ya hizo.

Y se quedó tan ancha.

Yo, como padre orgulloso de mis obras, y en solidaridad con esta poetisa y con los millones de millones de millones de seres imperfectos que poblamos la tierra, os dejo un extracto de uno de mis últimos trabajos publicados, “El Cementerio de la Alegría”, una novela que, lejos de enterrarla en el olvido, la tendré en mi corazón siempre (y en la memoria, el tiempo que me permita la cordura)…

« (…) Deambulé en la oscuridad de los pasillos, sin advertir nada fuera de lo normal a esas horas de la noche. Las puertas de los módulos estaban cerradas o entornadas, y las enfermeras que quedaban de guardia dormitaban sentadas al final de cada corredor. Apenas se escuchaba otro sonido en toda la planta que no fuera el estrépito cacareado de Pierre.

Al final de uno de los corredores que daban a la calle, justo antes de la sala principal que hacía las veces de recibidor, vi una luz tenue escaparse de una pequeña ventana. Me dirigí hacia allí, inquieto por el cansancio y el aburrimiento. Hubiese sido más fácil abrir un poco la puerta que enmarcaba ese halo de claridad y asomarme con disimulo, pero decidí colgarme del resquicio de la ventanita y echar desde allí un vistazo. La habitación estaba toda forrada de madera, hasta el techo. No había más muebles que una vieja mesa de roble y dos sillones de terciopelo marrón desgastado hasta la vagancia. Una bombilla con decenas de mosquitos estrellados era lo que completaba la escena. No había ni un solo signo de intranquilidad.

Seguí curioseando.

Entré en la capilla del hospital. Aquella sala era especialmente tenebrosa. Al Cristo Cautivo le acompañaba una docena y media de cucarachas más grandes que la palma de mi mano. Mientras una mitad de ellas correteaba de arriba abajo por el dorado manto de la estatua, sin parar; las otras se hallaban quietas, delante de un pedestal de mármol, dirigiendo las alabanzas que allí, a modo de oración, proclamaban al Hijo de Dios. Leí en voz alta:

“Cristo Cautivo,

que tras espinas de amor entregas tu alma,

libera mis penas,

perdona mis faltas.

 

Jesús,

perfumado de gracia divina,

hijo del Dios único y salve,

escucha mi lastre perdido,

mi llanto, mi fe, mi dicha

escucha mi triste camino,

libra de mí la falsa palabra,

el comento, el engaño.

 

Salve Dios tu hijo,

porque cautivo mira al mundo con amor,

porque el amor es su mundo cautivo,

porque su sentencia de muerte

nos libra del pecado.

 

Cristo Cautivo,

que tras espinas de amor entregas tu alma,

perdona mis penas,

liberas mis faltas.”

Me quedé un rato pensativo, mirando a los ojos de la imagen. Se me ocurrió pensar que a lo mejor esa plegaria la había escrito mi padre, el poeta. La inspiración divina no sólo fabrica salmos o utiliza las metáforas para decidir la verdad que más conviene a los miedos de los mortales, también destruye mentiras con las que puedan naufragar y sentir la debilidad de sus espíritus los mensajeros de Dios; yo a sabiendas de estar pecando, me sentí orgulloso de ser egoísta y creerme un privilegiado que podía poseer para mí solo todo el deleite de la creación. Sonreí. (…) »

El Cementerio de la Alegría (Martínez Roca, Planeta, 2012)

 José Antonio Castro Cebrián

Artículo publicado originariamente en  LaJUnglaDElasLETras el 14 de Mayo de 2015
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Y se quedó tan ancha…

La última moza de la vieja Europa

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La Constitución Española nació siendo una señorita remilgada y de punto fino, muy recatada ella, ¡nació la última moza de la vieja Europa! Entiendo que en aquellos futuros tiempos de entonces a la señorita no le gustara que le plegaran como remate ningún dobladillo en sus adentros, por el qué dirán y sobre todo por el qué pasará. Pero hoy, a día treinta de abril de dos mil quince, la Constitución Española ya no es ni solterona ni señorita, ni virgen por narices, ni recatada ni remilgada. La vida pasa, la historia también, de la noche a la mañana todo lo que parece ser inexpugnable o inamovible, resulta ser de lo más putón y falso y no necesariamente malo. Este fin de semana escuché en boca de un político de izquierdas algo muy de derechas, dijo que para reformar ¡de verdad! la Constitución, debía desaparecer del gobierno todo rastro de la oligarquía política y cacique que impera en este país trasnochado. Cuando le preguntaron cómo haría él eso, el contestó que a golpe de decreto. Me resultó muy curioso la manera con la que el susodicho político escapó de enfrentarse con honestidad a la honestidad, es decir, de decir algo que pensara de verdad… Políticos y política, ya saben…

Para mí que reformar la Constitución no puede ser tan complicado. ¿O sí? Señores, señoras, el pueblo la votó en mil novecientos setenta y ocho, la refrendó, se convirtió en el proxeneta sui generis de una razón histórica. Hoy puede, debe ocurrir lo mismo. En dos mil once, por ejemplo, se engordó la constitución en unas trescientas cincuenta palabras, creo recordar, (fueron buenas noticias para los juristas y profesionales de las leyes… poco material para memorizar… más o menos un folio del borrador de mi nuevo libro). Era, según los que promovieron e hicieron la ampliación, una reforma muy importante y necesaria en España para asegurar la estabilidad presupuestaria del país y ajustar los gastos e ingresos del Estado, amén de hacer de la responsabilidad de los futuros gobernantes una realidad solidaria y comprometida con sus gobernados, con la credibilidad presupuestaria que esto nos daría en Europa, y en el mundo (ahórrense los chistes facilones…) . Todo esto, imagino, estuvo y está muy bien, sin duda (mucha duda mucha duda), pero ¿qué hay de los ciudadanos? Hay mucho que reformar en la Constitución, cosas mucho más importantes que esa, a mi entender… hay que hacer una constitución, por ejemplo, para que de verdad gobierne el pueblo.

Ahora que ya no hay miedo ni puñetas, queridos alcahuetes, y ahora que ya no es virgen ni inmaculada nuestra querida Carta Magna, los políticos y los demagogos de la política deberían de dejar de tratarnos como estúpidos, a la Constitución ya le han salido varices, sufre de colesterol y tiene la tensión por las nubes: necesita que la traten con cariño y le operen con eficiencia y al estilo del INSS, con cita previa y con todos de la mano, sin nadie que nos azuce por cojones…

José Antonio Castro Cebrián 

Artículo publicado originariamente en  LaJUnglaDElasLETras el 30 de Abril de 2015
La última moza de la vieja Europa

No. No me da la gana.

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Hace dos semanas unos desalmados, del grupo terrorista yihadista Al Shabab, asesinaron a ciento cuarenta y ocho estudiantes de la Universidad de Garissa, cerca de la frontera entre Kenia y Somalia. Estos acólitos de Al Qaeda entraron en la Universidad y separaron a los cristianos de los musulmanes, masacrándolos, sin piedad, en una sempiterna e infernal orgía de sangre.

No hace ni quince días de aquella noticia… de aquel brutal acontecimiento que enlutó (una vez más) a toda la humanidad… A toda.

¿Por qué tengo la sensación de que nunca ocurrió nada?

Por la paz, por la cordura…, porque África también es Europa, porque África también es América, porque África también es Asia, porque África también es Oceanía, porque África también es París, Túnez…, porque Dios no tiene nombre y el Amor es estúpidamente sincero…, porque la sangre, la de los muertos y la de los pobres, siempre es roja…, por la paz, por la cordura… hoy no, no me da la gana de no llorar.

No al olvido.

José Antonio Castro Cebrián

Artículo publicado originariamente en  LaJUnglaDElasLETras el 16 de Abril de 2015
No. No me da la gana.

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Internet tiene la bujía perfecta para que salte de vez en cuando una chispa de locura, o de imbecilidad. Mientras no se rebasen ciertos parámetros de decoro y cordialidad, casi todo es permisible en este mundo binario de unos y ceros.

También es verdad que algunos son gilipollas por naturaleza.

Verán… Hace unos días saltó la noticia de que la Secretaría de Estado de Seguridad había multado a un usuario de Twittercon sesenta mil euros y cinco años de prohibición de acceso a recintos deportivos por publicar unos mensajes donde literalmente manifestaba su absoluta y sincera alegría por la muerte de un ultra del Deportivo el pasado treinta de noviembre, tras la reyerta con radicales del Atlético de Madrid. Los tuits exactamente eran los siguientes:

«Quiero manifestar mi más absoluta y sincera alegría por la muerte del del Depor. Un hijo de puta que no la liará otra vez. Ojalá mueran más»y «Los del Frente Atlético asesinos, tenéis retrasito verdad? Habían quedado para pegarse ambas partes. Lástima es que solo ha muerto uno.»

Y yo me pregunto, ¿cómo puede ser una persona tan sumamente gilipollas? Dudo, ¡y mucho!, y lo digo de corazón, que este energúmeno tenga neuronas.

El centro de la valoración ética de internet pasa por el individuo y la sociedad, al igual que sucede con todos los medios de comunicación. Quizá esta sanción, ejemplarizante sin duda, despierte un poco el sentido común en aquellos anónimos y no tan anónimos que ven en el parapeto de una pantalla su particular campo de batalla.

¿Quién no se ha topado alguna vez navegando por las redes y los foros de internet con el enterado de turno, o con el típico «usuario tocapelotas» con nombre supermegaoriginal?

Sin ir más lejos, el sábado pasado, un simpático «paquitoelchocolatero» comentó uno de mis artículos, el que titulé «¿Los sueños sueños son?». Angie Ballester, la directora de contenidos, no aprobó la publicación del susodicho porque el listillo-listilla había enlazado su nombre con una página pornográfica. Una pena, la verdad. El ingenioso comentario decía lo siguiente:

«Eré un pinta monas que no sabes ni escribir un texto congruente. Si corres con los ojos cerrados es normal que no veas, y si ves al vació con los ojos cerrados. Una de dos, o tienes un problema mental o eres Daredevil.»

Mola, ¿a que sí?

Yo no suelo ser condescendiente conmigo mismo. Es decir, no tengo por costumbre acomodarme en el autobombo, ni en la tranquilidad que da la experiencia, ni en mis particulares gustos sobre cine o literatura, por ejemplo. Admito de buena gana las críticas constructivas que algunos vierten sobre mis obras, las admito sí, pero eso no significa que por ello todas las comparta o las entienda…

Cachis…

¿Problema mental?, ¿Daredevil?… Soy una persona del montón, fondón ahora a los cuarenta y pocos, y bastante cafre, la verdad.

José Antonio Castro Cebrián

Artículo publicado originariamente en  LaJUnglaDElasLETras el 28 de Febrero de 2015
paquitoelchocolatero

¿Los sueños sueños son?

kioikEsta noche ha vuelto a mí un sueño que me acompañó durante mucho tiempo en el pasado. Ha vuelto para sincerarse conmigo, para recordarme que sigo siendo la misma persona…

Os lo muestro tal y como lo recuerdo cada mañana cuando me desvelo con la incertidumbre…

«Mi madre y yo paseamos de la mano por la playa. Es una noche de verano, calurosa, excesivamente calurosa. Yo soy un niño otra vez. De vez en cuando alza la vista y la veo sonreír, siempre con la mirada al frente. Es tan guapa. Al poco de caminar se detiene, y me aúpa hasta sus hombros. Desde tan alto se ve todo el mar, mucho más inmenso. Nos quedamos quietos, yo recogido en mis pensamientos, y mi madre en los suyos. Vuelan gaviotas por encima de nosotros. Estoy feliz. Todo lo que ocurre a nuestro alrededor se difumina con la bruma. De pronto me quedo solo. Desnudo. Alzo la cabeza y empiezan a caer gotas de lluvia, sólo sobre mí. Cierro los ojos y los aprieto fuerte. Ahora hace frío y tirito. Me levanto y empiezo a correr, aún no he abierto los ojos. Todo es confuso. Escucho gritos de gente que conozco, nadie dice nada, son gritos que caen en una oscuridad completa. No, no es miedo lo que siento. Es algo diferente, quizás ansiedad o remordimientos, eso es… son remordimientos… no estoy asustado ni huyo de nada ni de nadie, pero tengo remordimientos. Los ojos los mantengo siempre cerrados. La oscuridad… Corro hasta que me detengo en la nada, miro al vacío y se enmudece el tiempo. Todo se detiene. »

Es extraño, pero los versos de Calderón de la Barca : «Qué es la vida? Una ilusión,/una sombra, una ficción,/y el mayor bien es pequeño:/que toda la vida es sueño,/y los sueños, sueños son», resuenan mucho más que nunca en mi cabeza. Mis recuerdos son el acicate que necesitaba para volver a sentirme yo mismo, junto a mi debilidad, a mis fracasos, a mis miserias.

La vida es un sueño que, aunque a veces parezca una pesadilla, no deja de tener sus tintes oníricos, que la hacen irreal a los ojos de quien no quiere abrir los párpados. Esa oscuridad no puede detenernos en la vida. Lo verdaderamente importante de nuestra existencia es reconocer que el fin de la misma puede llegar en cualquier momento, y que hay que luchar por lo que verdaderamente se puede luchar. Son las almas las que duermen perezosas cuando nos encabezonamos en ser lo que quieren otros que seamos, y no en escribir nosotros mismos nuestras propias vidas, sea la que sea.

Esta semana está siendo una gran semana. Descansaré como descansan los poetas, amando.

José Antonio Castro Cebrián

Artículo publicado originariamente en  LaJUnglaDElasLETras el 19 de Febrero de 2015
¿Los sueños sueños son?