Cariños, ya no

demagogia

A la tortura mediática, a la política, a la reflexión, a los discursitos de última hora, a los apretadores de mano, al irresponsableresponsable del buzoneo electoral: Cariños, ya no. Se terminó. Estoy hasta los mismísimos cojones de ser más tonto que un Tonto. Un día te comportas como el más apasionado de los amantes, y otro ni me miras, ni siquiera existo en dos minutos de tu tiempo. Ni un hola. Ni un adiós. Ni un nada de nada. ¿Sabes qué, Cariños?, se acabó…

Han sido unos años maravillosos, llenos de negaciones, peleas, de argumentos absurdos, reproches, de entrar y salir delfango. Y no, no me da la gana reconocer ni recordar los buenos momentos; esos, si no perduran ¿para qué los quiero?

Un día llamé a tu puerta para pedir ayuda, y ese día, en vez de tenderme tu mano o por lo menos escucharme, me hablaste de necios imposibles y de sueños premonitorios. Me aseguraste, por ejemplo, que si el Consistorio cedía ese salón pequeñito pequeñito pequeñito una hora por la noche todos los miércoles y viernes del verano, para mis chicos del teatro, la cultura en el pueblo se convertiría en una “verbena imposible”… Sí, aún hoy me pregunto qué quisiste decir con eso. La demagogia Cariños la inventó un hijo de puta para que otros hijos de puta la pudieran utilizar para engañar a un Tonto… pero, ¿no te dije antes que se terminó, qué estoy hasta los mismísimos cojones de ser más tonto que un Tonto?… pues eso.

Ayer apareciste por mi casa, con papeleta en mano, resplandeciente. Te dije que no dejaras ningún voto, que no hacía falta. Me preguntaste por mi salud. Pachín pachán. Te sonreíste y yo no te deseé suerte para las elecciones, no merecemos que la tengas. Me lanzaste tu mano, para estrecharla con la mía. Te mostré mis palmas, estaban manchadas de aceite… no hayapretón. Cagoen… Me sonreíste. Ya no te sonríes. Me aseguraste que lees asiduamente mis artículos, allá donde se publican. Ahora te sonreí yo. Mañana, mañana no dejes de leerme.

Me repito, me repito, me repito: estoy hasta los mismísimos cojones de ser más tonto que un Tonto.

José Antonio Castro Cebrián

Artículo publicado originariamente en  LaJUnglaDElasLETras el 21 de Mayo de 2015
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Cariños, ya no

Y vueltas al mismo asunto

escritoresY vueltas al mismo asunto.

    Si hace algunos meses publiqué en las redes sociales que me sentía indignado, ultrajado, ofendido, robado, despreciado e injuriado por el tema de la piratería. Hoy no sólo me reafirmo en lo que dije, sino además también en todo aquello que pensé y no solté en su momento, por respeto al decoro y a las buenas formas.

     Si en su día declaré que estaba cansado de descubrir, y cada vez más, portales de internet que impunemente ofrecían mis libros de manera gratuita, a veces camuflados como “clubs de lecturas” o de “libros compartidos”. Si dije que no me valían los argumentos que esgrimían muchos piratas para justificarse. Si exhorté a los señores piratas a no comprar un libro si les parecía caro. Si hablé de que la piratería no acerca la cultura a los pobres, sino que fabrica nuevos pobres. Si llamé ladrones a los piratas y les acusé de robar, de atentar contra mí y contra todos aquellas personas que dependen de mi trabajo…. Si dije todo eso, ¡coño!, ¡lo hice porque sé de lo que estoy hablando!

      El viernes leí en la prensa comarcal un artículo en el que un psicólogo decía que la mejor manera de hacer entender las cosas a los “obtusos” era por medio de un ejemplo práctico, o descriptivo… pues bien, voy a ejemplarizar mi indignación, para aquellos obtusos que no entienden mi rabia (el hecho de que no les importe me la trae al pairo), porque aún hoy, a 13 de noviembre de 2014, hay quienes argumentan que a los escritores no les perjudica la piratería de sus libros:

       Una novela le lleva al autor (a uno cualquiera que sirva de ejemplo) un mínimo de dos años y medio de trabajo; cuando sale publicada, normalmente, entre pitos y flautas, han transcurrido tres. En el mejor de los casos (nadie se lo garantiza), se ha vendido una cantidad suficiente de ejemplares de su novela como para cobrar algo decente (mucho poner) en las primeras “regalías”, pongamos 5.000 libros. Teniendo en cuenta que su precio de venta es de 20 € y de que el autor se lleva el 10 % de los beneficios, el escritor de nuestro ejemplo se ha sacado unos 10.000 € por tres años de trabajo. 10.000 € de salario por tres años de trabajo, sale a 3.333,33 € por año. La ley obliga al escritor profesional, con un mínimo de cinco títulos publicados, y con un sueldo mínimo (atentos) de unos 900 € ANUALES (sí sí, anuales), a darse de alta como autónomo en la seguridad social, con un gasto mensual aproximado de unos 290 €. Nuestro escritor, en tres años de trabajo, ha invertido todo su esfuerzo para pagar a la seguridad social unos 10.500 €, a sus agentes 1.000 € (si lo hubiere, sino difícilmente publicará), y de IRPF 1.500 €, sumando todo ello la nada despreciable suma de 13.000 € (en esta suma he obviado viajes y gastos ocasionados por su trabajo, autopromoción, etc. etc.) Tres años produciendo para que el resultado final de ese tiempo y trabajo sea deficitario, de nada más y nada menos  -3.000 €. Muy triste, ¿no? Vayamos ahora al tema del pirateo ( y sólo lo voy a enfocar al escritor, no voy a hablar del daño que esto supone a editores, libreros, y a quienes para ellos trabajan, de las miles de personas, empleados y sus familias que dependen de esta compleja industria). El precio del libro electrónico de nuestro autor lo han fijado en 10 €, por lo que el beneficio para el escritor es de 1 €. Cuando le llegan las liquidaciones al autor le dice su editorial que su libro ha sido descargado 135 veces, lo que le corresponde 135 €… Bueno, se podría pensar que el libro no ha funcionado digitalmente hablando, pero ¡qué coño!, está entre los diez libros más descargados en la red en un portal de descargas gratuitas, ¡y el quinto en las listas de otra importante web de “intercambios” de Facebook!, y ¡su novela se ha “bajado” más de 3.500 veces en Argentina, en una plataforma digital de libros gratis!… Sumando, sumando, tranquilamente se han descargado de manera ilegal unos 6.000 libros (que se sepa), lo que supone que unos lectores piratas (lo más deprimente de ello es que a lo mejor ni se lean el libro) le han ROBADO a nuestro autor unos 6.000 €, un dinerito más que digno para seguir “tirando”…

       Por si todavía hay quienes no se han enterado, crear cultura es un trabajo como otro cualquiera, y debe ser retribuido como se merece, retribuido y defendido. No me imagino a un señor fileteando a un cerdo en un supermercado sin cobrar por hacerlo, o a un arquitecto que haga puentes o pisos por amor al arte, o a un jardinero podando los jardines de la Moncloa y que encima tenga que pagar por ello.

       Me repito una vez más, al igual que hace unos meses:  El sector editorial está mal, como toda la economía, no forcemos a la cultura a caer en un fondo de ignominia del que no pueda salir.

José Antonio Castro Cebrián

Artículo publicado originariamente en  LaJUnglaDElasLETras el 13 de Noviembre de 2014

Y vueltas al mismo asunto