Un político muy de derechas

4. 2. Forges. 2

De nuevo me encuentro deseoso de buscar sueños que conviertan los ratos de asueto, aquellos que no dedico al noble arte de perder la cordura, en santiamenes de reconfortante esperanza. Decía mi padre que el hombre, si quiere ser feliz, debe consagrarse al trabajo con la misma dedicación que le pone a respirar. «Trabajo es salud» era la arenga, breve pero contundente, que solía pronunciar a cada uno de sus hijos antes del sopapo mañanero.

Pero claro, de aquellas sucintas máximas de mi padre hace ya mucho tiempo. El mundo entonces era otro mundo. Quizá un mundo más pequeño, menos globalizado, bastante más honesto. A poco espabilado que fueras, veías venir las hostias que te daba la vida, así vivieras, como a mí me pasaba, instalado en una perenne caraja; si es verdad que aquellos que tenían buenas despabiladeras eran capaces de sacar conclusiones y enseñanzas de esas mismas hostias que a uno descolocaba, aunque ello de poco les servía en primera instancia, ¡de las hostias no te libraba ni Dios! Hoy eso no pasa, hoy todos somos reyes y reinas del esperpento. ¡Reina el esperpento en el Reino de los Tontos! Somos tan sumamente arrogantes que nunca nos equivocamos, tan sumamente estúpidos que siempre cargamos con la razón.

Verán…

Un político muy de derechas, por ejemplo, pero tan de derechas como lo pueda ser un señor que vive y convive de la renta que le proporcionan los votos de una gran minoría, hoy en día, después de años arañando consignas ridículas y después de bosarse en lo grotesco por su dudoso “arraigo”, aún puede permitirse la arrogancia de asegurarse para él y para sus acólitos la verdad absoluta o la razón primera, le pese a quien le pese, le joda a quien le joda. Si alguien, cualquiera, viniera a tocarle los pretextos con realidades tangibles, o miren ustedes… ¡con sueños intangibles!, ya se encargaría el buen político muy de derechas de aferrarse a la negación sistemática y cansina para que el susodicho tocapelotas termine cayéndose del burro y acepte, de una vez por todas, que soñar para los cuerdos, los locos cuerdos, es toda una quimera.

José Antonio Castro Cebrián

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Un político muy de derechas

¿Los sueños sueños son?

kioikEsta noche ha vuelto a mí un sueño que me acompañó durante mucho tiempo en el pasado. Ha vuelto para sincerarse conmigo, para recordarme que sigo siendo la misma persona…

Os lo muestro tal y como lo recuerdo cada mañana cuando me desvelo con la incertidumbre…

«Mi madre y yo paseamos de la mano por la playa. Es una noche de verano, calurosa, excesivamente calurosa. Yo soy un niño otra vez. De vez en cuando alza la vista y la veo sonreír, siempre con la mirada al frente. Es tan guapa. Al poco de caminar se detiene, y me aúpa hasta sus hombros. Desde tan alto se ve todo el mar, mucho más inmenso. Nos quedamos quietos, yo recogido en mis pensamientos, y mi madre en los suyos. Vuelan gaviotas por encima de nosotros. Estoy feliz. Todo lo que ocurre a nuestro alrededor se difumina con la bruma. De pronto me quedo solo. Desnudo. Alzo la cabeza y empiezan a caer gotas de lluvia, sólo sobre mí. Cierro los ojos y los aprieto fuerte. Ahora hace frío y tirito. Me levanto y empiezo a correr, aún no he abierto los ojos. Todo es confuso. Escucho gritos de gente que conozco, nadie dice nada, son gritos que caen en una oscuridad completa. No, no es miedo lo que siento. Es algo diferente, quizás ansiedad o remordimientos, eso es… son remordimientos… no estoy asustado ni huyo de nada ni de nadie, pero tengo remordimientos. Los ojos los mantengo siempre cerrados. La oscuridad… Corro hasta que me detengo en la nada, miro al vacío y se enmudece el tiempo. Todo se detiene. »

Es extraño, pero los versos de Calderón de la Barca : «Qué es la vida? Una ilusión,/una sombra, una ficción,/y el mayor bien es pequeño:/que toda la vida es sueño,/y los sueños, sueños son», resuenan mucho más que nunca en mi cabeza. Mis recuerdos son el acicate que necesitaba para volver a sentirme yo mismo, junto a mi debilidad, a mis fracasos, a mis miserias.

La vida es un sueño que, aunque a veces parezca una pesadilla, no deja de tener sus tintes oníricos, que la hacen irreal a los ojos de quien no quiere abrir los párpados. Esa oscuridad no puede detenernos en la vida. Lo verdaderamente importante de nuestra existencia es reconocer que el fin de la misma puede llegar en cualquier momento, y que hay que luchar por lo que verdaderamente se puede luchar. Son las almas las que duermen perezosas cuando nos encabezonamos en ser lo que quieren otros que seamos, y no en escribir nosotros mismos nuestras propias vidas, sea la que sea.

Esta semana está siendo una gran semana. Descansaré como descansan los poetas, amando.

José Antonio Castro Cebrián

Artículo publicado originariamente en  LaJUnglaDElasLETras el 19 de Febrero de 2015
¿Los sueños sueños son?